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miércoles, 13 de julio de 2016

Sandra 4ª parte

Hola os dejo por aquí  la cuarta parte de este relato espero que os guste, gracias por vuestro tiempo 
Un saludo :) hasta pronto


                           Autor de la foto : Alexandr Ivanov
                      
                          Continuación del relato Sandra 4ª parte
                            
¡Ah! Me estáis gastando una broma. Dedujo el desconocido, mientras esbozaba una seductora sonrisa. Su mirada se dirigió hacia el fondo de la sala.
No sé que a que se refiere. Agregó Sandra incomoda por la respuesta. Pero una sonrisa iluminó su rostro al girarse y descubrir a su amiga Verónica. Era una joven de unos 25 años su cabello era largo sedoso y obscuro, lo llevaba tirante sujeto con un broche plateado que le confería un porte sereno y cálido de amazona salvaje.
¿Qué demonios es eso? Se burló nuevamente Verónica como una chiquilla. Una risa cantarina repiqueteó sobre las doradas paredes . Era esta una risa fresca e inocente, de una persona alegre sin dobleces, que sabía disfrutar de cada momento de su vida.
¡Calla gamberra! ¡Será posible! ¡Menudo susto me has dado! Le reprendió Sandra sermoneándola medio en broma, poco después se fundieron en un cálido abrazo. Luego Sandra se tocó teatralmente el corazón ¡Creía que era un sitio embrujado!
Jajaja Exagerada Jajaja Comentó Verónica instantes después la volvió abrazar.
Me alegro de que estés mejor Agregó Sandra ―  Déjame que te vea estás genial. Añadió dando un par pasos atrás para verla bajo un mejor ángulo. Observó el vestido negro italiano ajustado como un guante que portaba su amiga. El acertado corte de dicha prenda realzaba su voluptuosa y sensual figura enmarcando sus prietos senos  y acentuando su juncal talle discretamente. Sus elegantes botas a juego con dicho vestido realzaban seductoramente sus muslos.
¿Qué es eso? Inquirió Sandra con curiosidad felina mientras analizaba un extraño colgante de un metal indefinido que portaba Verónica. El color plateado de dicho colgante  resaltaba sobre su piel canela. El medallón estaba lleno de símbolos misteriosos e inextricables.
El hombre había permanecido hasta ese momento en un respetuoso 2º plano hizo un gesto con el brazo y Verónica se acercó a él magnetizada por un singular influjo, los unía una curiosa sonrisa de complicidad, que a Sandra hasta ahora le había pasado inadvertida
Ah pero… ¿Os conocéis? Adivinó Sandra desconcertada por el desarrollo de los acontecimientos.
A modo de respuesta Verónica lo cogió por la cintura segundos después los amantes se fundieron en un largo y sensual abrazo. Se besaron una y otra vez,  a él le gustaba atrapar el generoso labio inferior de Verónica entre los suyos estaban sedientos de amor y de deseo. Sandra no pudo evitar ruborizarse el ver a su amiga con aquel desconocido un tenue cosquilleo se extendió sobre sus labios
Apenas unos segundos  mas tarde el hombre acarició el cabello de Verónica lentamente. Después tras rozar sinuosamente el pecho de su amiga en una suave caricia sonrió. Hecho esto sostuvo el críptico colgante entre sus dedos
Es un talismán muy especial. Aseveró dirigiéndose hacia Sandra. Sus pupilas dilatadas hacían más bella su mirada como si la noche se hubiera adentrado en el corazón de aquel desconocido, aquel hombre ejercía un extraño poder hipnótico sobre

las mujeres.

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sábado, 9 de julio de 2016

La portadora de luz . Relato de fantasía


                                                Autora de la foto: Rondell Melling

La recién llegada era una chica joven de piel clara, posiblemente fuera autóctona de aquellos países del norte en los que el sol llegaba prácticamente a cuentagotas. Tenía un aparente porte de altanería, pero bajo esa mera apariencia latía el corazón alocado de una chiquilla, como el aleteo veloz de un pajarillo fuera de contexto. Sus ojos azul grisáceo resaltados con singulares sombras, transmitían serenidad, el espectador era trasladado con tan sólo verla apenas unos instantes a la orilla del mar.
Hola me han dicho que tenía que venir a esta hora. Aclaró la joven revelando una tenue dulzura en su voz.
Correcto. Aseveró la anfitriona. Era esta una mujer de rasgos leves, alta mayestática, sin embargo el corte de su cara redondeada hacía recordar al de un chiquillo juguetón  bromista, quizás años atrás se hubiera portado como tal. Con un ademán elegante le pasó uno de los candelabros de varios brazos.
Toma enciéndelo. Le ordenó a la visitante añadiendo unos cuantas cerillas como insospechado regalo.

La recién llegada algo contrariada por la falta de cordialidad y por el atuendo que portaba hizo un mohín de disgusto que nadie percibió. Se mordió sus generosos labios coloreados para la ocasión de color rojizo. Su cabello color castaño poseedor de unos bellos reflejos cobrizos se mecía bajo una lejana brisa procedente de una ventana cercana. Fue encendiendo de forma cadenciosa cada una de las velas blancas. La vaga oscuridad que los rodeaba fue suavemente sesgada por su luz. Instante en el que la oficiante se percató de que no sólo estaban ellas. Varios hombres y mujeres vestían túnicas negras al fondo de la sala, formando un improvisado círculo. Coincidía en la oscuridad de la vestimenta  y en los detalles florales con las paredes que la acogían , pero la suntuosidad de su tela, así como el corte, sobrepasaba la minimalista elegancia del resto de brujos allí congregados.

viernes, 8 de julio de 2016

Sandra 3ª parte. Relato


                                                Autor foto: Usuario 1138601 Pixabay

¿Qué demonios puede ser esto? Susurró incrédula al deslizar suavemente sus dedos sobre la superficie rocosa.
¿Qué demonios es esto? Le respondió una voz lejana amortiguada por el viento.
Un frío gélido se  apoderó de su espalda recorriéndola implacable. Sintió como si sus pies fueran de una singular manera claveteados al suelo, por unas manos invisibles.
Su boca esbozó un grito, sin embargo su voz quedó ahogada por la estupefacción.
Una sombra ondulante pareció cobrar vida sobre las doradas piedras que la rodeaban.
Sandra se giró bruscamente y descubrió a un extraño tomando notas sobre una desgastada libreta de color negro.
¿Ha escuchado lo mismo que yo? Exigió saber Sandra. Lo miró de hito en hito sorprendida de no haber advertido su presencia hasta ahora. Era como si el desconocido hubiera surgido de la nada.
Sólo su voz de sorpresa un par de veces Aclaró el hombre. Sus ojos claros la acariciaron con la mirara. Su bella anatomía torneada se translucía bajo su camisa blanca.
Ella le sonrió correspondiendo a su dulzura, secretamente le restó importancia a lo ocurrido. La voz grave de aquel hombre y su peculiar aroma de animal salvaje la tranquilizaron.
No he dormido bien tan sólo ha sido eso. Sentenció Sandra mentalmente, en un artificioso diálogo interior.
Era tan sólo que me pareció oír una voz lejana. Aclaró la joven porfiando una vez más por una excusa razonable. El hombre depositó su atención unos instantes sobre el volumen de  sus atractivos labios para subir poco después sinuosamente hasta sus ojos. Era alto y atractivo sus hombros eran recios. Pausado en sus ademanes aparentó bosquejar una respuesta convincente.

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miércoles, 6 de agosto de 2014

Gabriela (Relato 1)





Gabriela era una mujer de cabello negro largo y ondulado, que le llegaba a la altura de sus glúteos sin llegar a tocarlos casi apenas. De forma inconsciente, algunas personas la comparaban con una yegua agreste y altiva. Acostumbraba a cuidar metódicamente su abundante y generosa cabellera, con aceites y cremas variadas. Gracias a ello, cualquier luz que acariciara ocasionalmente su cabellera despertaba misteriosos reflejos que oscilaban entre el color dorado y el castaño color caramelo. Su vestimenta en cambio, era desenfadada e informal, una simple camiseta algo desgastada de color negro combinada con unos vaqueros cortos y ajustados, que resaltaban sus prietos y contorneados muslos al igual que sus glúteos. Joven e inconsciente del influjo que ejercía sobre los hombres, nunca se hubiera imaginado que furtivamente cuando era contemplada por detrás, algunos de ellos fantaseaban con amarrar sus cabellos como si de dos riendas se trataran mientras acariciaban sus glúteos redondeados e insolentes de piel canela.
Sentada sobre la terraza del bar miró  a su alrededor, eran las 8 de la tarde una suave brisa agitó sus cabellos. Instantes después desplegó el periódico del día sobre la mesa plateada y observó con fijeza los anuncios, estaba buscando trabajo.

Bebió un sorbo de su café y sus voluptuosos labios alcanzaron una tinción más cálida y atrayente para el fugaz público que la contemplaba clandestinamente, se los relamió lentamente. Acto seguido sonrió, algo había llamado su atención, sus ojos verdes relampaguearon con un cierto matiz gatuno...

Edelweiss Coen autora de la novela (Erótica Vampírica) "7 Copas" disponible en formato digital y en papel editada por la Editorial Círculo Rojo